3/7/14
1,
            2,
                       3,
                                     4 días sin la sustancia.

5 días.
            Cin. co.

6. Seis días. Seis. Síntomas de retirada.                                          ¿Dónde estás?

Sí.
           Si tú...                  Si... Eh...
Sí.
       Eh tú.
Siete.                                              Días.                                            Te extraño. 
Siete.                                              7.
Nací el día 7.
De un mes, no sé cuál.
                         Si sé, espera, no importa.
La retirada. La mía. Te quiero.
                        ¿Lo sabes? Sí, lo sabes.
Ehm, lo sabes.

Lloraría si tuviera un motivo.                                                          Quiero llorar por ti. 
No tiene sentido irse sin decir adiós.                                            Quiero llorar un poco. 
Llorar por ti.
                                                  Me voy. No importa.
No puedo quedarme. Sí puedo.
                                      No quiero. Te vi. "Eres, me basta".

Fui feliz.
Soy feliz. 

Siete.
Síntomas de retirada. Shocks, dice el médico.
Sí. Flash. Flashbacks. Desequilibrio. Alucinación.

Sentidos alterados.

Quiero alucinar un sueño. Quiero soñarte.
Un beso. Dos. Siete.
Siete besos.
Quiero alucinar tus besos.

[A Salma se le mueve el piso.] 
Me acaricio los dedos.
(Sí, exacto: ese gesto.) Hormiguean.

Acaricio los dedos. Escribo. Te escribo. Me retiro.
Solo quiero decir adiós. Lo sabes. 
Te quiero.
                  Adiós.
                              Te quiero.
                                                 Adiós.
Siete días. 
Flash. Shocks. Shhh... silencio.
                                                        ¿Dónde estás?

Es como un sueño. Un año. Un suspiro.
Tu presencia, tu ausencia.
Estertor. Espasmo. Eléctrico. Vigilia.
Siento que despierto. 
No quiero abrir los ojos.                        ¿Dónde estás?

Amanece. Siete.
                                      Días.
¿Cuánto tiempo estuve dormida?
¿Dónde estás?

Síntomas de retirada.
                                                           Me voy. 
Te dejo. Adiós.
¿Sentirás algún escalofrío cuando me vaya?
No puedo caer: no hay piso.    Floto. 

Tu recuerdo.
                                                             Adiós. 
Flash. Temblor. Mareo. Shhh... quieta.

Vértigo
No puedo caer.
.
.
.
.

Siete.
Solo siete días.


29/6/14
A se metió en mis sueños hace ya un buen tiempo. Un modo de tenerlo cerca es escribir(le): reavivar sus palabras, su recuerdo, los sentimientos que me provoca... Así ha sido y no ha dejado de ser... pese a todo.

Tenía un cuadernillo, pequeño, que me obsequiaron un día en que vi a mucha gente, menos a él. Dejé el cuadernito destinado al olvido hasta que un día opté por hacer la lista del súper en él, anotar pendientes, claves de libros y cualquier otra cosa que se dejara escribir. Así, de pronto, me descubrí escribiendo notas de cartas jamás enviadas a A. Hasta que el bendito cuaderno desapareció. Lo he estado buscando, no quiero perder la fe, "amar al mar como yo te amo", resuenan mis propias líneas en la memoria "es una acto suicida"...

La cosa es que no lo encuentro, lo he buscado aquí y allá, seguramente se me cayó en la calle por traerlo en la bolsita lateral de la mochila... seguramente, pienso con tristeza.

Pero mientras lo busco he ido encontrando letras por todas partes. Todo está lleno de letras aquí, de vocales... de Ases. Entre otras cosas, encontré esto que ahora dejaré por aquí en un ataque de dolor curioso, porque el tiempo ha pasado y la situación... es casi la misma:

Hace tiempo que no escribo. He dejado la tinta para otros menesteres, como enlistar lo faltante en la despensa, las deudas, las tareas, marcar en un cuaderno los días de frío o los días que han pasado sin verte. No son tantos y sin embargo ya no soporto seguir juntando los grupos de cinco en cinco...

IIIII IIIII III... Duele.

La ansiedad duele, porque te espero. Porque de noche no puedo dormir: hace frío y mi cuerpo arde en deseo de un abrazo tuyo, una caricia al menos. Y tú no estás: Nunca has estado. Mi piel desconoce por completo tu tacto, se deshace por horas imaginándolo. Cuando por fin duermo... no paro de soñarte.

Todas mis letras se han vuelto tuyas: te escribo cartas, algunas que envío, otras que no. Todas mis esperanzas descansan en tus labios. Te quiero. Es una locura, ya sé, pero lo hago como si no pudiera hacer otra cosa. Tengo miedo también, no sé qué haré cuando de nuevo te tenga enfrente, ¿haré algo? ¿seré capaz de reclamarte los besos que has sembrado en mi mente? ¿o me limitaré tan solo a abrazarte con toda la fuerza de mis anhelos? ¿haré algo? Quererte, sí. Te quiero, te quiero, te quiero...
25/6/14


Mi dedo está manchado.                                    Negro.

                                          Tinto de palabras.

Antes de dormir, me dediqué a escribir(le), a escribir(me) para él.
Derramé por la hoja ilusiones en cursiva.
"Entre más te quiero más...", mi manuscrita parece de médico: especialista.
Jugué con las letras de su nombre, una a una, como quien desprende las uvas del racimo. Ya en esas, desgrané también sus apellidos.
Dibujé sus letras, me manché con ellas.

                   Itálicas.
                                        VERSALES.

Sí, mi esfuerzo se sentía como de imprenta, aunque las apariencias fueran otras.
Así son mis amores, tan de obra maestra, aunque parezcan nomás de antología.

Mi dedo está manchado. Negro. Lo acaricio y en vez de huella dactilar me encuentro con su nombre.
Su nombre escrito una y otra vez, como respuesta en mis letanías nocturnas.
Su nombre entero no tiene una, ni una sola, vocal débil.
Qué ganas de entrelazar su nombre con el mío y hacernos de diptongos amorosos.
Trenzar sus dedos y mi pelo, mi abrazo con su espalda, sus besos con mis labios. ¡Qué ganas!
"¿Qué ganas?", debería tal vez yo preguntarle, "¿qué ganas robando mis latidos?"

Mi dedo está manchado. Negro: tatuado de esperanza.




24/6/14
Estaba en la licenciatura, ya no podía avanzar, estaba perdiendo todas las materias de mi semestre, no podía comer porque al abrir la boca se me escapaban los suspiros y se me derretían los ojos a lágrimas. Llegó J, parecía que era él quien llegaba para quedarse, pero no, solo fue un vehículo para lo verdadero. Llegó ella: A de Amanda. Un semestre por delante en que ella me acompañó a clases estando en mi vientre. Terminamos juntas la carrera, todas las materias. El servicio social, una bebé en el CEPE, contra las normas. La tesis, Amanda rayando mis libros sobre Bruno. Los primeros trabajos... mi aspiración a la maestría.

En el inter: R, mi luz, mi guía, las fuerzas que me faltan, consejo y compañía.

Fue maravilloso, los motores más fuerte, la motivación más constante, auténtica y dulce. Pero una se cansa. Tras algunos fracasos en el ámbito de lo personal entré al propedéutico para la maestría: lo dejé dos semanas antes de acabar. Obtuve mi título como matemática y me guardé en un departamento medio vacío: no había luz, no había agua, solo el constante ruido de una vecindad del centro histórico. Amanda y yo, solas, dormidas a la luz de las velas. Después una llamada, Dr. J, ¿coincidencias?, me reabrió la oportunidad, me agendó una cita, las cosas siguieron, entré a la maestría, pero también solo era un vehículo. Y entonces llegó él: A también, una motivación para aprender, el despertar de mi espíritu curioso. Presencia cálida y constante. Terminé la maestría, viene mi primer trabajo estable, las cosas cambian.

Pero ese par de Ases me ha cambiado la vida. En estos días previos sentí que un huracán me arrancaba del suelo, me sujeté a su pequeña mano, pero no podía. "Esto nos arrastrará juntas", me preocupé y entonces me sujeté de ambos. El ventarrón cesó. Todo está en orden.

A R A... a veces siento que la vida me tiene jugando Scrabble.
15/6/14
¿Qué peso tienen unos meses de ilusión? ¿De qué me sirven las más de 500 cartas tejidas con mis fantasías cuando la realidad, abrumadora, se me deja caer encima con el peso de tus memorias? Tus castillos se levantan con hechos, los míos se desmoronan con la humedad de mis lágrimas. Siempre creí que sería mi culpa, más de una vez intentaste cortarme las alas, pero yo volaba. Sonreías, me mirabas y el sonido de tu risa me elevaba. Recordabas, supongo, y volvías a presionar el filo del acero contra mi alma, hasta que no tuviste valor para coartarme y me dejaste volar. Y volé tanto que mis pocos meses, mis semanas y mis días, no pudieron retenerme en tus tierras. El feroz ventarrón me arrastró consigo, me llevó y me trajo. Hoy heme aquí: derribaba, a la sombra de la pared de tu pasado.

La verdad es esa, no puedo negar que tengo en los ojos tatuados los recuerdos, que eso que los médicos han intentado "reprimir" no se ha ido. La verdad es que sigo siendo el resultado -bueno o malo- de todo mi pasado, sumado a la actitud de mi presente y delineado por mis sueños a futuro. Pero el futuro no depende por completo de mí.


Hoy volví a este sitio, atacada por la nostalgia. Lo encontré polvoso, le abrí las ventanas y pensé en volver a darle vida. Vuelos, revoloteos, que después de todo es lo único que no he dejado de hacer jamás. Yo vuelo. Es un hecho que nunca volaré como águila, como tórtola ni colibrí: soy un murciélago y como tal, yo vuelo.



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